
En el marco del Día internacional de los Cuidados, 2026.
En cada hogar de Guatemala, antes de que el primer rayo de sol ilumine las calles, una maquinaria invisible ya se ha puesto en marcha. Es el trabajo de cuidados: preparar alimentos, lavar uniformes, atender a personas mayores, cuidar a niñas y niños, y sostener emocionalmente a las familias. Durante décadas, este esfuerzo ha sido tratado como un "favor" personal, un "deber" natural de las mujeres o una tarea privada que no incumbe al Estado. Sin embargo, la realidad económica y social dicta lo contrario. El cuidado es el pilar que sostiene la economía nacional, y hoy, Guatemala se encuentra en una encrucijada histórica: la creación de un Sistema Nacional de Cuidados (SNC).
El debate actual no es solo técnico, sino profundamente político. Mientras el gobierno impulsa la "Mesa de Cuidados" (2025) con una visión técnica y administrativa, las organizaciones de trabajadoras exigen que su voz sea el eje central de cualquier política pública. El principio es claro: "nada sobre nosotras sin nosotras". Para construir un sistema que sea verdaderamente justo, es imperativo rectificar la invisibilización histórica de las trabajadoras de los cuidados y reconocer que sus demandas no son solicitudes de asistencia social, sino exigencias de derechos laborales y dignidad democrática.
La historia que no nos contaron: El vacío desde 1944
Para entender por qué las trabajadoras de los cuidados exigen hoy un asiento en la mesa de toma de decisiones, es necesario realizar un ejercicio de revisionismo histórico. El revisionismo no es alterar el pasado, sino reexaminarlo para incluir las voces que fueron borradas de la narrativa oficial.
En Guatemala, la Revolución de 1944 y la creación del Código de Trabajo en 1947 se celebran como los grandes hitos de la justicia social y los derechos de la clase obrera. No obstante, esa "Primavera Democrática" tuvo una sombra persistente. El Código de Trabajo original relegó a las trabajadoras domésticas a un "Régimen Especial", una categoría jurídica que, en la práctica, las dejó con menos derechos que al resto de la fuerza laboral. Mientras los sindicatos industriales —mayoritariamente masculinos— lograban avances significativos, el trabajo realizado dentro de los hogares seguía viéndose como una extensión de la servidumbre colonial.
Esta exclusión no terminó en el siglo XX. En octubre de 2024, durante las conmemoraciones oficiales del 80.º aniversario de la Revolución, las luchas laborales de las mujeres fueron nuevamente omitidas de los discursos principales. Esta omisión refuerza la idea de que el trabajo de las mujeres no es "trabajo real". Al no abordar cómo el sistema laboral guatemalteco nació con una deuda estructural hacia las trabajadoras de los cuidados, cualquier intento moderno de reforma corre el riesgo de repetir los mismos errores: diseñar leyes que las traten como ciudadanas de segunda clase.
Los números del silencio: El peso real de los cuidados en la economía
Frente a la narrativa de que el cuidado es una cuestión privada, los datos económicos de 2024 y 2025 ofrecen una verdad contundente. Según la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos (ENEIC 2024-2025), el trabajo de cuidados no remunerado y el trabajo doméstico representan entre el 18% y el 24% del Producto Interno Bruto (PIB) de Guatemala. Para poner esto en perspectiva, esta contribución supera a muchos de los sectores industriales que tradicionalmente se consideran los "motores" de la economía.
Sin embargo, este aporte masivo al bienestar nacional se sostiene sobre una base de precariedad extrema. Los números del silencio revelan que:
- El 93.3% de las trabajadoras de los cuidados en Guatemala operan en la informalidad.
- A pesar de su peso en el PIB, menos del 2% de las trabajadoras domésticas cuentan con cobertura de seguridad social a través de programas como el PRECAPI.
Esta disparidad evidencia que el Estado y el sector privado han estado recibiendo un subsidio gigantesco proveniente del sacrificio personal y la falta de derechos de las mujeres. El tiempo que las mujeres dedican gratuitamente a cuidar es tiempo que el Estado se ahorra en servicios públicos de salud, guarderías y comedores. Es, en esencia, una transferencia de riqueza desde las manos de las mujeres más empobrecidas hacia la estabilidad macroeconómica del país.
"Desde el escritorio" vs. La Realidad Territorial
En julio de 2025, la Secretaría Presidencial de la Mujer (SEPREM), el despacho de la Primera Dama y el Ministerio de Desarrollo (MIDES) lanzaron la "Mesa de Cuidados". Si bien la creación de este espacio reconoce la importancia del tema, existe una tensión crítica entre la visión gubernamental y la realidad de las organizaciones de base.
Las políticas diseñadas "desde el escritorio" tienden a ver el Sistema Nacional de Cuidados como un programa de alivio a la pobreza o una forma de caridad estatal. Este enfoque asistencialista busca "ayudar" a las mujeres pobres, pero a menudo ignora las demandas de profesionalización y derechos laborales. Para las trabajadoras en los territorios, especialmente para las mujeres indígenas y rurales, el cuidado no es solo una métrica de vulnerabilidad, sino una cuestión de soberanía y reconocimiento de sus saberes.
El Primer Congreso Nacional de Cuidados, celebrado en 2026, puso de manifiesto que las trabajadoras no quieren ser simplemente beneficiarias de un servicio; quieren ser arquitectas del sistema. Una política desconectada de las realidades territoriales corre el riesgo de imponer modelos de cuidado urbanos y occidentales que no funcionan en comunidades donde el cuidado es colectivo y comunitario. Sin la consulta directa y vinculante con quienes realizan la labor, el SNC será una estructura hueca que no resolverá la crisis de cuidados en la raíz.
Más que un servicio: El derecho al cuidado en tres dimensiones
La propuesta de las organizaciones de trabajadoras, plasmada en el manifiesto del Primer Congreso Nacional los Cuidados en Guatemala “Voces de la Sociedad Civil" de junio de 2026, redefine el cuidado como un "Triple Derecho". Esta visión integral rompe con la idea de que el cuidado es solo una tarea que alguien debe hacer por otro.
- El derecho a recibir cuidados: Toda persona, desde la infancia hasta la vejez, tiene derecho a ser cuidada con dignidad. Esto requiere inversión pública en infraestructura que no dependa exclusivamente del sacrificio de las familias.
- El derecho a cuidar en condiciones dignas: Aquí radica la demanda laboral fundamental. Cuidar no debe significar renunciar a la seguridad social, a un salario mínimo o a la protección contra el acoso. Es fundamental la ratificación de los Convenios 189 (trabajo doméstico) e 190 (violencia y acoso) de la OIT.
- El derecho al autocuidado: Las trabajadoras de los cuidados también necesitan tiempo y recursos para su propia salud física y mental. El agotamiento crónico y las enfermedades que afectan la movilidad son realidades que el sistema debe prevenir y atender.
Perspectivas y desafíos
La construcción de este sistema no está exenta de oposición. El sector privado ha expresado su preocupación por los costos fiscales y laborales que implicaría la formalización masiva del sector y la ratificación de los convenios internacionales. El argumento suele centrarse en la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social. Sin embargo, este planteamiento ignora que el costo actual ya existe; simplemente lo están absorbiendo las propias trabajadoras con su bienestar y su futuro.
Por otro lado, existe una tensión con las agencias internacionales. Si bien el apoyo de organismos externos es valioso para establecer indicadores globales, no puede sustituir el liderazgo nacional y territorial. Las trabajadoras exigen que la agenda de cuidados no sea una respuesta diseñada desde fuera para cumplir con indicadores externos, sino una construcción colectiva que responda a las necesidades de las mujeres guatemaltecas.
Un Sistema Nacional de Cuidados que no sea consultado con las trabajadoras será, en el mejor de los casos, una reforma administrativa y, en el peor, una nueva forma de invisibilización bajo un nombre institucional, gobierne quien gobierne. El camino hacia la justicia laboral requiere mover a las trabajadoras de los cuidados de ser "objetos de estudio" a ser sujetos de derecho y capaces de decisión política.
La invisibilización del trabajo de cuidados en Guatemala es una forma de desigualdad estructural. Erradicarla implica reconocer que la trabajadora doméstica, la mujer en la maquila que realiza una doble jornada, y la cuidadora rural son las verdaderas expertas en la sostenibilidad de la vida. El manifiesto del Primer Congreso Nacional los Cuidados en Guatemala “Voces de la Sociedad Civil" es hoy la hoja de ruta legítima hacia una democracia que realmente cuide a quienes nos cuidan.
Recursos y lecturas recomendadas
Documentos fundamentales
- Memoria del Primer Congreso Nacional de los Cuidados en Guatemala "Voces de la Sociedad Civil" (junio de 2026): El documento principal emitido por el Primer Congreso Nacional de Cuidados.
- Convenio 189 de la OIT: texto oficial del Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos.
- Convenio 190 de la OIT: texto oficial del Convenio sobre la violencia y el acoso.
- Datos de la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos continua (ENEIC) 2024–2025: estadísticas del Instituto Nacional de Estadística de Guatemala.
